El paracaídas moderno de alta performance (rendimiento) es una de las máquinas voladoras más ágiles hoy existentes, capaz de alcanzar velocidades de vuelo y direcciones increíbles. Con una alta wing loading (carga alar), sin embargo, nuestra supervivencia no está más garantizada solamente por el hecho de que el nylon que está sobre nuestra cabeza está abierto y volando. Llegar al suelo con seguridad se vuelve más complicado con las altas cargas alares, aún con todo el avance tecnológico. Toda libertad tiene su precio y la decisión de que carga alarusar no es una excepción.
Este artículo discute sobre las cargas alaresy el motivo de que tantas personas, sabias o no, estén optando por una carga alar más alta. También discutiremos los cambios específicos que ocurren en las características de vuelo y algunas de las limitaciones de rendimiento (performance) que una alta carga alarpuede crear, y cómo reducir los efectos de esas limitaciones. Nos guste o no, estas características crearon una nueva forma de navegación, y por lo tanto es aconsejable replantearnos nuestras ideas sobre seguridad en vuelo con la campana abierta si queremos evitar accidentes.
Después de más de diez años totalmente dedicados al trabajo de diseñar, probar y volar paracaídas, cuatro ideas generales vienen a la mente:
Primeramente, el avance en la aerodinámica del paracaídas mejoró mucho las características de aterrizaje de las campanas más modernas. Los paracaidistas, entretanto, no se contentan con simplemente obtener mejores aterrizajes a la misma velocidad que en de años 70. El paracaidista siempre fue el tipo de persona que intenta explorar sus límites. La mejorada aerodinámica del aterrizaje le proporcionó nuevas formas de probar sus límites, utilizando paracaídas menores que vuelan y se desplazan a velocidades que no serían, algunos años atrás, considerados como“ aterrizables”.
En la fase inicial o intermedia, los paracaidistas son frecuentemente alentados a pasar a campanas que pueden parecer grandes según los patrones actuales, pero que son en realidad menores y más veloces que la campanas más radicales usadas años atrás por paracaidistas más experimentados, probando así sus propios límites. Claro, parecen dóciles para el experto de hoy, mas quizás hayamos olvidado que esas campanas son, aún así, tan rápidos y radicales como eran cuando fueran inicialmente colocados en el mercado.
El tercer punto es que se volvió muy fácil caer en la trampa de pensar que un alumno o novato tiene las nociones básicas de control de campana, sólo porque uno siempre lo ve posarse suavemente. Eso es erróneamente el criterio tomado en consideración para determinar si el alumno está o no listo para una campana menor. Pero ¿no hay algo más que eso? Con el refinamiento de la aerodinámica, ¿no es probable que un alumno aterrice una campana de escuela (student) de forma suave, por más que esté cometiendo errores básicos en el control del paracaídas? ¿No tiene sentido que estos errores, que pasan desapercibidos con una campana grande, sean agravados con una campana menor, que perdona menos las fallos, con resultados peligrosos?
Cuando la regla era el uso de velámenes mayores, algunos años atrás, era bastante más fácil para un experto estar consciente de lo que pasaba a su vez durante la navegación. Muchos de esos expertos simplemente permanecían dentro de sus propios límites, con velocidades más lentas. Era fácil estar atentos a los principiantes. Pero hoy, los expertos pueden adquirir velámenes pequeños de alta velocidad, capaces de volar a velocidades que eran imposibles en aquel tiempo. La velocidad y dirigibilidad extras, significan que el paracaidista actual se enfrenta con tareas mucho más difíciles, que exigen más concentración, atención y habilidad en la navegación. Eso quiere decir que estamos todos más sujetos a encontrarnos rodeados por un gran número de paracaidistas navegando en condiciones más allá de lo que permitiría su nivel técnico.
Ahora, juntemos esos cuatro factores y ¿qué tenemos? Los informes sobre accidentes responden a esta pregunta. Tal vez debemos cambiar colectivamente nuestras actitudes y nuestros pensamientos acerca de lo que constituye "un control de campana aceptable". No, la respuesta no es eliminar las campanas pequeñas ni los aterrizajes con swoop , pero sí cambiar la forma de cómo decidimos en que condiciones estos son seguros. Parte de la solución sería también entender mejor los cambios creados por el uso de unas cargas alares más elevadas.
Guillermo Arbelo